Opinión

León, 444 años forjando identidad

Fundada como villa el 20 de enero de 1576, al pie del cerro del gigante, en el Valle de Señora, la ahora ciudad de León, es parte de una serie de ciudades refugio, que sirvieron como puntos de enlace y colonización en pleno conflicto con los Chichimecas por la expansión al norte de la Nueva España; cuyo objetivo fue resguardar a quienes iban de la ciudad de México a las minas de Zacatecas, principalmente convoyes de mercancías y personas.

Durante las primeras décadas de su fundación, en esta zona se establecieron estancias ganaderas, que fueron deslindadas para dar paso a haciendas que de forma temprana fueron fraccionadas en ranchos. Por la afluente del río Lerma, se dio una gran producción de alimento para la industria minera en movimiento en la ciudad de Guanajuato; convirtiendo al bajío leonés en uno de los principales proveedores de granos, hortalizas y forraje para las bestias de carga, destacando las haciendas más próximas a Silao, como Santa Ana del Conde, de la Valenciana o la Loza de los Padres Jesuitas, colindantes a este ramal del camino real.

A lo largo de estos más de cuatro siglos de vida de este poblamiento, los habitantes nos hemos distinguido por la dedicación, disciplina, capacidad de adaptación, innovación y tesón al trabajo en una serie de actividades que, al transcurrir de nuestra historia, nos han dado y dan identidad; por lo que hemos pasado de: lechugueros, cuchilleros, reboceros, zapateros y en lo que va del siglo, uno de los destinos más importante del turismo empresarial, y todo por estar en una de las zonas más comunicadas del territorio nacional. 

En el siglo XVI, el origen de nuestra ciudad fue una merced de tierra para agostadero de ganado mayor, mismas que sirvieron para el arrastre de las mercancías. Al morir los bovinos se aprovechaba su piel, que al ser curtidos, se elaboraba la vaqueta con que se hacían, principalmente las correas con que se amarraban los bultos o bien, la confección de diversos objetos para los jinetes o personas del campo, incluso zapatos; llevando a esto al origen de la talabartería y la fabricación del calzado. 

En el barrio del Coecillo se instalan las fraguas que forjan los machetes y toda clase de cuchillos. En San Miguel y San Juan de Dios serán los telares para la elaboración de los rebosos y telas. En el Barrio Arriba, por las afluentes pluviales provenientes de la Sierra de Lobos, se instalaron las tinajas para la curtiduría, con la que se elaboraron la vaqueta, piel de vestimenta y charol, con que los talabarteros, marroquineros y zapateros, en el Barrio del Señor Santiago hacías distintos productos de piel en sus talleres familiares. Este barrio fue destruido por la inundación de 1888, y esos zapateros fueron reubicados en un paraje, tras el Santuario de Guadalupe, dando origen a la actual colonia Obrera, sitio donde se instalarían varios talleres zapateros familiares, conocidos como Picas. 

Este breve recorrido, deja patente que León, se ha sabido adaptar a las circunstancias al saber cambiar de giro productivo, al final de cuentas, trabajo es trabajo. Esto se pone de manifiesto, cuando cae en desuso el reboso, León potenció la cadena productiva cuero calzado, ponderando la curtiduría como materia prima y la fabricación de los productos de piel como principal actividad económica de la ciudad, al grado que, en los años cuarenta, incluso algunas familias dedicadas por generaciones al hilado de lana y algodón cambiaron los telares por la instalación de talleres de zapatos. 

La tecnificación del calzado llega en plena segunda guerra mundial, donde vía ferrocarril arribó de los Estados Unidos la maquinaria que haría más eficiente la elaboración del calzado. Casi 8 décadas en que las picas dieron paso a las factorías que al día de hoy nos posiciona como una potencia en el ramo a nivel mundial, mismo que se fue regulando con la organización de los gremios en cámaras, surgiendo primero la de comercio, luego del calzado, para posteriormente dar paso a la de la Curtiduría; con lo que León se posicionó incluso como la capital mundial del calzado y sede de las ferias comerciales más importantes del ramo industrial a nivel mundial. 

A 444 años de la fundación de esta gran ciudad, debemos sentirnos orgullosos de la rica historia y tradición que nos antecede, reconocer en su geografía el patrimonio arquitectónico: civil y religioso, producto de la bonanza económica de estos casi cuatro siglos y medio de existencia ya y como reza la frase de nuestro escudo heráldico: El Trabajo Todo lo Vence.

¡Felicidades, León! 

Mtro. Ernesto Camarillo

PRESIDENTE DEL coLEGIO DE HISTORIADORES DE GUANAJUATO
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