Opinión

La historia de una tradición

Hace siete décadas que de forma sostenida las fábricas con maquinaria especializó el trabajo de los zapateros; y no por ello olvidaron a trabajar con lo básico.

Para las nuevas generaciones de leoneses es una constante asistir a eventos turísticos, deportivos o culturales de gran impacto en los diferentes recintos que se han construido en León, como lo son El Forum Cultural, EL Poliforum, El Museo de Arte e Historia o bien nuestro majestuoso Teatro Manuel Doblado; lo que da a nuestra ciudad un carácter de prestador de servicios de turismo empresarial, pero esto en verdad tiene relativamente poco tiempo. 

En los años ochenta se consolidó la ciudad de León como la Capital Mundial del Calzado, contando con una Zona Piel a los alrededores de la Central de Autobuses, un sitio emblemático donde podían llegar los clientes y asistir a las zapaterías en donde se podía comprar desde un par de zapatos hasta varias docenas o una amplia gama de productos de piel, vendido en su mayoría por los propios fabricantes; León, Guanajuato, sin duda hoy es un referente nacional de la cadena cuero-calzado.

Como todo, esto ha sido un proceso que podríamos trazarlo en varios siglos, al contar desde siempre con la materia prima para la elaboración de piel; las reses mismas que en un principio sirvieron para el arrastre de las mercancías por el Camino Real de Tierra Adentro, a su paso al norte. Ya para la segunda mitad del siglo XVIII, a partir de un informe sabemos que: 

Los Habitantes [de León] son dedicados al trabajo e industriosos: se fabrica abundantemente calzados de todas clases, arneses de silla, tejidos corrientes de lana, rayadito de algodón, frenos, espuelas y rebozos; todo con las máquinas burdas que nos dejaron los españoles, sin que advierta una mejora en los telares, ni en nada de lo que sirve para esta clase de trabajos. 

[…]

Se observa en León mucha pobreza: los artesanos sacan diariamente sus obras en la plaza principal [se refiere a los mercados del Parían y a la Soledad], donde hacen el baratillo; pero llegada la noche, si no venden lo que sucede comúnmente, van a entregar sus pobres obras a las tiendas, donde hábiles especuladores los extorsionan y exportan con bastante lucro sus artículos. Esta es la causa principal de la pobreza, puesto que los desgraciados son esclavos, y trabajan habilitados casi siempre con la materia prima que les facilitan los comerciantes por falta de capital propio. 

¿Quién creerá que una ciudad que tiene una industria propia y cuyos habitantes son dedicados al trabajo sea tan pobre? Si un gobierno sabio y previsor pudiera en León un banco para proteger a la industria que ministrara a los artesanos las materias primas a precios cómodos y les comprara sus obras equitativamente, se establecería una competencia entre el banco y los actuales especuladores demasiado útil a los artesanos, y esa ciudad progresaría mucho […]

La verdad es que Antonio Cabrera, autor de las anteriores líneas daba un panorama de la precaria condición con la que trabajaban los artesanos varias de las ramas cultivadas León, esto e el año de 1872 es previo al porfiriato y como sabemos, la historia no termina así, no sería sino hasta los años treinta que cae en desuso el rebozo y con la segunda guerra mundial, León sería refaccionado para aprovechar la histórica pericia de sus artesanos talabarteros y zapateros, en la utilización de la maquinaria necesaria para modernizar las tradicionales picas o talleres familiares y establecer así las fábricas que al paso de los años, darán lustre a una industria que, al día de hoy se sigue identificando como zapateros a nivel mundial.  

Hace siete décadas que de forma sostenida las fábricas con maquinaria, especializó el trabajo de los zapateros; y no por ello olvidaron a trabajar con lo básico: una navaja de cuerda para destrozar la piel, una cuchilla de zapatero, una lámina de corte y un pie de rey, insumos necesarios para en cualquier lugar elaborar un par de zapatos; justamente las herramientas que podemos ver en el cromo de San Crispín, patrono de los zapateros. 

León, Guanajuato mantiene su fama como zapatero, pero al día de hoy, se complementa con el turismo de Negocios: el mismo León, con una piel diferente, con panorama empresarial diversificado, manteniendo lo más importante, la pasión y dedicación por el trabajo. 

Mtro. Ernesto Camarillo

pRESIDENTE DEL coLEGIO DE hISTORIADORES DE gUANAJUATO

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