Opinión

La nueva forma de trabajar y la administración del tiempo como eje de competitividad.

Hoy en medio de la crisis del Covid-19 en el mundo y en nuestro país, celebramos como cada primero de mayo el día internacional del trabajo, marcado este como el principal precedente histórico de la defensa de los derechos de los trabajadores en el mundo.

Sin embargo, a raíz de la llegada del coronavirus somos testigos de un cambio forzado en nuestra manera de vivir, esto derivado al confinamiento de más de 30 días que llevamos en Guanajuato; en los cuales hemos seguido de manera virtual con las actividades laborales diarias, dado que la pandemia actual, no nos exime de cumplir con nuestras obligaciones desde casa.

Tanto el sector académico como el laboral, en medida de sus posibilidades han mudado la mayor parte de sus plantillas de operación a la órbita digital, mostrando de esta manera el área de oportunidad desaprovechada que teníamos en el pasado.

En mi experiencia, su servidor hace aproximadamente 6 años, tuvo la oportunidad de abrir en el Estado la primera oficina de la Universidad Tecnológica Latinoamericana en Línea (UTEL), cuya principal oferta era el modelo de educación virtual; durante este tiempo me pude percatar que este modelo en era demasiado atractivo para las personas, en su mayoría por la flexibilidad de tiempo que este les permitía. Sin embargo, al final el miedo a no estar dentro de un esquema escolarizado tradicional y no aprender de la misma manera, impactaba en la decisión de nuestros interesados.

Hoy nos damos cuenta, ante el impedimento de seguir con los hábitos tradicionales, que podemos encontrar en lo digital la continuidad a nuestro desarrollo personal y profesional, siempre y cuando aprendamos a administrar nuestro tiempo, dado que el trabajar o estudiar a distancia maneja un doble compromiso, ya que los distractores fuera del ambiente de trabajo son muchos. 

El reto tecnológico para México después de esta crisis, es también impulsar, ampliar y fortalecer la red de internet; hoy lamentablemente la crisis nos agarro con los dedos en la puerta y vemos en algunos horarios el servicio de internet intermitente o con muchas deficiencias, esto debido a la sobre saturación de usuarios descargando y compartiendo datos.

A su vez las universidades y los centros de trabajo si logran capitalizar esta nueva etapa, podrán eficientar e innovar en sus procesos internos y romper así con la barrera de interacción entre los colaboradores y los estudiantes de todas partes del mundo; un ejemplo de esto sería: ¿Cuánto tiempo y dinero pudieran ahorra las organizaciones en contratar por lo menos en el 50% de sus actividades servicios en línea?. Esto lo comento en el entendido que el mundo y México no serán los mismo después de el COVID-19, y estoy seguro que dejarán de sonar descabelladas las propuestas de hace unos años de empresarios, como Carlos Slim, de trabajar solamente 3 días a la semana, o bien tener esquemas híbridos dentro de los modelos laborales, que conjuguen el home-office, como una prestación al trabajador. 

Por su parte la correcta administración del tiempo, en el ámbito corporativo radica en un análisis de diferenciación entre lo relevante y lo urgente, en la medida que tengamos la capacidad de priorizar esto, daremos un orden a nuestra agenda día con día y de esta manera aprovecharemos el tiempo, cumpliendo con los objetivos en forma.

La distancia no debe ser impedimento para seguir en constante contacto con el equipo de trabajo, si logramos identificar los roles y actividades de cada uno de nuestros colaboradores y generamos sinergia con las habilidades de cada uno, créanme que 8 horas diarias de trabajo son muchas, en pocas palabras es “apostarle a la inteligencia colectiva” de nuestra gente.

Quiero terminar haciendo una reflexión que me ha dado vueltas en la cabeza: Cuando arranco el confinamiento y aún ahora, existía cierto desagrado por parte de la gente, pero día con día nos hemos adaptado a este nuevo estilo de vida; es más le hemos dado hasta un respiro a la flora y fauna del mundo. Que pasaría si cada 5 años hiciéramos un protocolo de confinamiento planeado, y planeado me refiero a una estructura que no impacte económica y socialmente a ningún sector, tal vez podríamos contribuir en regenerar nuestro mundo y así mismo valorar lo que hoy nos estamos terminando tan desesperadamente. 

                 Patricio Vilchis, Maestro en Comunicación Social y Política

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2 comentarios

  1. Excelente artículo para que las empresas reflexionen sobre nuevas metodologías y tendencias para mejorar los procesos laborales.

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