Internacional

La presión desde Estados Unidos crece para que México abra la industria fronteriza

Hace varias semanas que las economías de México y Estados Unidos no siguen el mismo tempo.

El ritmo entre las dos economías norteamericanas se ha perdido ante la alerta por la pandemia no representó un gran problema al principio, pero ahora ambos países batallan por encontrar el momento en el que las cadenas de producción se echen a andar al unísono.

Mientras el Gobierno de México busca ser cauto para evitar un alza de contagios en las plantas, la Administración de Donald Trump ha comenzado a encender los motores de la maquinaria.

En México, el arranque de Estados Unidos inquieta a quienes participan en la cadena de valor en diversas industrias. “Necesitamos revisar la situación día a día para encontrar el punto adecuado para regresar”, dice, por ejemplo, en un vídeo el presidente ejecutivo de Volkswagen de México, Steffen Reiche.

Las plantas de ensamblaje de autos de la compañía alemana –en los Estados de Puebla y Guanajuato– son parte de una cadena de la industria automotriz en ambos lados de la frontera y representan para esas dos regiones mexicanas el sustento de miles de personas.

Reiche ha puesto como fecha tentativa el 18 de mayo para que los trabajadores vuelvan a las fábricas de la armadora alemana, pero aclara que es el Gobierno mexicano quien tiene la última palabra sobre esa decisión.

La última palabra en realidad la tiene el presidente mexicano. Andrés Manuel López Obrador anunció –bajo el consejo del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell– que la apertura de diversos sectores se daría, principalmente, en dos periodos: el 18 de mayo para las actividades más esenciales y el 1 de junio para el resto.

La presión sube cuando se considera que las exportaciones anuales de México a Estados Unidos representan casi unos 400 billones de dólares y que la relación es tan simbiótica que apenas hace unos meses México se convirtió en el principal socio comercial de EE UU.

Esta semana, un grupo de legisladores de Iowa enviaron una carta al secretario de Estado, Mike Pompeo, para presionar al Gobierno mexicano en la apertura. “Es claro que nuestras cadenas de distribución seguirán sufriendo disrupciones hasta que el Gobierno mexicano aclare su definición de negocios esenciales. Pedimos particularmente que presione a su contraparte mexicana para incorporar a industrias que proveen componente en los sectores de la comida, médico, transporte, infraestructura, aeroespacial, automotriz y defensa”, señala la misiva.

El Pentágono envió un mensaje al embajador de EE UU en México, Christopher Landau, para “pedir ayuda para reabrir proveedores internacionales” de insumos para industria de la defensa. Landau ha contestado: “Estoy haciendo todo lo que puedo para salvar las cadenas de suministro que se crearon a través de las últimas décadas”.

Los empresarios en ambos lados de la frontera han pedido a los Gobiernos que se sienten a definir una fecha para la apertura. Los puntos de vista que expone cada uno son distintos. “El cierre en Estados Unidos partió desde la base sobre cómo funcionan las industrias en el comercio internacional, en cambio en México se ve desde el punto de vista sanitario”, explica Jorge Torres, presidente de la American Chamber, la organización que agrupa 1.450 empresas que trabajan en ambos países.

El ministro de Exteriores de México, Marcelo Ebrard, ha asegurado que la presión en Estados Unidos para abrir la economía mexicana “no es un tema bilateral”, pese a que López Obrador y Trump han hablado del complejo escenario en las llamadas que ambos mandatarios han mantenido las últimas semanas.

El Gobierno mexicano explica que ambos países están buscando un balance entre el tema sanitario y el económico, aunque aún no se aventuran a establecer una fecha.

Todo apunta a que el sector automotriz podría ser el primero en abrir en las próximas semanas. La Secretaría de Economía estima que un millón de personas en México dependen de los empleos en esa industria y la describe como el “pilar del empleo formal en Norteamérica”. Serán entonces los constructores del coche norteamericano los primeros que pongan a prueba la vida cotidiana en un mundo poscoronavirus.

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