Opinión

La vacuna para la pandemia económica

Estamos ante eventos sin precedente a nivel mundial gracias a la pandemia resultado del virus SARS-CoV2 (COVID 19), lo cual ha evidenciado la incapacidad de los gobiernos de todos los países para hacer frente a las consecuencias, tanto sanitarias como económicas, que se han presentado con motivo del confinamiento social y la suspensión de las actividades productivas y de consumo.

Lo que es una realidad es que las consecuencias económicas se presentan más desoladoras, negativas y urgentes que aquellas en materia de salud; con modelos que pronostican estancamientos y recesiones económicas de todos los países, lo cual seguramente se traducirá en disminución de la clase media y aumentos en niveles de desempleo y pobreza.

Definitivamente los gobiernos globales se enfrentan al reto de diseñar e implementar políticas públicas económicas y fiscales para contrarrestar los efectos económicos de la crisis por la que estamos atravesando; a fin de garantizar el apoyo a la población y reducir el impacto negativo, tanto en la reducción del ingreso familiar como en posibles aumentos de precios por la escasez en el área productiva, derivada del cierre de diversas empresas que no puedan sobrevivir al corto plazo.

Lamentablemente nuestro país parece que no estará a la altura de este reto, todas las señales que han sido enviadas por el gobierno federal son completamente opuestas a lo que los expertos en materia económica han recomendado en cuanto a que medidas deben ser tomadas para sobrevivir a los tiempos que se vienen, lo cual es evidencia de un mal aún peor en la administración actual, un mal llamado “necedad”.

Si bien es importante puntualizar que la crisis económica que estamos por enfrentar no es responsabilidad completa de la administración en turno, la falta de políticas económicas y fiscales para reducir sus efectos y apoyar la economía del grueso de la población si es enteramente resultado de su negligencia y su falta de entendimiento del cómo funcionan las economías actuales, economías que no se han cansado de denostar como “neoliberales”.

Y lo anterior no es una afirmación que se apoye en un pronóstico a futuro, sino resultado de la experiencia de lo que atravesamos el año pasado. No debemos olvidar que 2019 representó el primer año con “crecimiento negativo” en el PIB en más de una década, así como un déficit del sector público derivado de un subejercicio presupuestal agresivo en diversas áreas como salud, seguridad y educación. 

Es decir, la crisis económica en nuestro país no es un fenómeno que se espere derivado de la pandemia global, es una realidad que se viene gestando desde el segundo semestre del año pasado, y esta pandemia solo intensificará el efecto y las consecuencias de la falta de planeación estratégica en el gasto público, y de la decisión del gobierno federal de “empujar” su agenda política con la realización de proyectos económicamente inviables (Tren Maya y Refinería Dos Bocas).

Una clara señal de lo perdido que está el Gobierno Federal en materia económica es que una de las cartas más fuertes del gabinete al inicio del gobierno de López Obrador, el Dr. Carlos Urzúa Macías, entonces secretario de Hacienda, decidió renunciar a su cargo a menos de un año de iniciada la administración, convirtiéndose hoy en uno de los principales críticos de las decisiones del presidente, señalando entre otras cosas que el gobierno federal “no tiene ni idea de qué hacer ante la crisis económica”.  

Es una realidad que las decisiones que se han tomado durante el primer trimestre de este año se presentan contradictorias con la situación por la que estamos atravesando, tan solo de enero a marzo se recortó el presupuesto anual de la Secretaría de Salud en 1,500 millones de pesos, y a pesar de los esfuerzos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) por ampliar las facultades fiscalizadoras del SAT, no ha existido un aumento en la recaudación significativo en estos 18 meses de gobierno.

Por el contrario, gracias al subejercicio del gasto público y a la manera en la que se han cancelado proyectos pactados tanto con la inversión nacional como con la inversión extranjera, el impacto en las cuentas públicas es negativo y será aun peor en el segundo semestre de 2020.

A pesar de todas estas consecuencias negativas, aún estamos a tiempo de revertir la inercia y tomar decisiones que protejan e impulsen los sectores productivos estratégicos en nuestro país (siendo el turismo uno de los más importantes y de los más afectados), privilegiando a toda costa la protección del empleo formal y la supervivencia de las Pymes. El problema es que estas decisiones no vendrán de la administración pública. 

Como el propio presidente de la república señaló en sus conferencias matutinas, esta pandemia les viene como “anillo al dedo”, ahora si ya tienen a quien culpar de su falta de planeación presupuestal y económica por lo menos hasta las elecciones de 2021, ha sido tajante en su posición de que no habrá incentivos fiscales ni económicos para los empresarios, “quien tenga que quebrar, va a quebrar”, y los conceptos como PIB y Desarrollo Económico ya son irrelevantes en esta administración, lo que le importa es la medida de bienestar.

Lamentablemente el impacto negativo en su medida de bienestar solo se alcanzará a ver cuándo los índices de pobreza y desempleo sean tan alarmantes que no puedan ser ignorados, y a la fecha se han perdido 648,000 empleos formales, definitivamente esto no puede resolverse con créditos de 25,000 pesos para micro negocios

Habrá que afrontar la marea que se viene de la única manera que nos queda, a través de nuestra capacidad de organizarnos como sociedad, la “vacuna” para sobrevivir a esta pandemia económica no vendrá más que de una transformación real de las organizaciones privadas, apoyadas en la creatividad, la innovación, la responsabilidad social, el sentido de comunidad y la empatía con nuestros colaboradores, ese es el reto que nos toca vencer, esa va a ser la lección que nos toca aprender, y cuando salgamos adelante, porque lo haremos, ese será nuestro legado para futuras generaciones.

M.F. Amroth Rivas Portillo, Socio de Litigio Fiscal y Administrativo en SIGNUS Abogados

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