Internacional

Catástrofe ecológica en el Ártico ruso

El presidente ruso Vladímir Putin ha elevado a nivel federal el estado de emergencia que las autoridades de la región siberiana de Krasnoyarsk tuvieron que declarar en toda la zona de la península de Taimir después de que unas 20.000 toneladas de combustible diésel pertenecientes a una central térmica situada cerca de la ciudad de Norilsk se derramaran tras la rotura de un deposito.

El carburante ha alcanzado los ríos Ambárnaya y Daldikán, ya fuertemente contaminados por otros vertidos anteriores de la industria del níquel y cuyas aguas han quedado teñidas de color púrpura.

Los ecologistas califican lo sucedido de «catástrofe» y creen que las consecuencias serán muy graves no solo para el medio ambiente, sino también para las personas.

Los equipos de limpieza llegados desde distintos puntos de Rusia calculan que hará falta por lo menos un mes para eliminar el vertido en una región cuyo ecosistema es ya frágil debido a la contaminación industrial y al cambio climático. Muchas especies protegidas se encuentran en peligro.

La central pertenece a la compañía energética Norílsko-Taimírskaya (NTEK en sus siglas en ruso), que es una filial del poderoso Norilski-Níkel, el mayor productor mundial de níquel y paladio. 

Ahora, los equipo de Protección Civil luchan colocando barreras en los ríos Ambárnaya y Daldikán para evitar que el líquido tóxico desparramado llegue hasta el enorme lago Piásino, de ahí al río del mismo nombre y termine contaminando también el mar de Kara.

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