Opinión

Oración y acción por nuestros amigos y todas las víctimas

El nuevo Coronavirus se hace real, se convierte en verdadero cuando impacta en nuestros círculos más cercanos de conocidos, de amigos y de familiares. El también llamado Covid-19, por su naturaleza misma, no da tregua, es un ser vivo que busca prosperar, que busca sobrevivir como cualquier especie, pero es implacable como el mismo ser humano lo ha sido durante su historia en el planeta.

En estos instantes, las cifras de contagiados, aliviados o de enfermos, los números de personas muertas por el virus, ya no son solo gráficas y estadísticas, sino seres humanos con nombres y apellidos, son personas con una historia propia de amor, de sueños y esperanzas.

México llega a más de 50 mil víctimas mortales por esta pandemia, pero la cifra en sí no dice mucho, solo hasta que hacemos una comparación, porque estamos hablando de que se trata de la mitad de los aficionados que caben en el Estadio Azteca. Brasil, que hoy llora y reza por más de 100 mil decesos, esa cifra sobrepasa la capacidad de lugares que tiene su monumental estadio Maracaná.

Al momento de esta redacción, Guanajuato tiene 27 mil casos confirmados de contagios y mil 600 muertos; León ronda los 10 mil 500 casos de contagios y reporta 600 personas fallecidas. Sin embargo, el conteo electrónico mundial se mueve e incrementa a cada fracción de segundo por lo que al publicarse este artículo las cifras habrán cambiado.

El mundo sobrepasó los 20 millones de contagios, en tanto que hay cerca de 13 millones de pacientes recuperados y más de 734 mil fallecimientos tras casi cinco meses de la declaratoria de pandemia global, según la plataforma Worldmeters.

Los números se dicen fácil, pero los números hoy son imágenes de personas que hemos conocido, porque se trata del hermano de un amigo, porque se trata de un vecino, porque se trata de un familiar cercano, porque se trata de un amigo que ha partido y no era necesariamente una persona con factor de riesgo, no tenía comorbilidades, y no tenía vicios.

Y otros amigos y familiares nuestros o de nuestros amigos en grupos de Watsapp quizá sobreviven o se han curado envueltos en nuestras oraciones, aunado a los esfuerzos que hacen sus familias, médicos y enfermeras por salvarlos.

¿Por qué propongo la oración? Porque la oración puede ser ese diálogo con Dios, el Dios en el que cada quien crea, y puede ser individual o grupal, en cualquier espacio, pero también puede ser esa comunicación íntima con uno mismo, puede ser la meditación para decretar algo en el sentido metafísico.

El poder de la oración es mágico porque proviene de la unión de anhelos identificados, proviene de las esperanzas y la fe colectivas o individuales. De inicio, la oración regala paz interior y da fortaleza para soportar las penas y seguir adelante, pero también es agradecimiento por los beneficios obtenidos.

Mas en esta ocasión, la invitación a orar es para pedir porque descansen en paz quienes han muerto por esta inefable enfermedad; para que sanen quienes se han contagiado, para que tengan una mejor calidad de vida los que han sobrevivido.

Más allá de la oración, el exhorto es para la acción, consistente en sacar lo mejor de nosotros como es la solidaridad, como es la empatía, como es la caridad de brindar lo mejor que tengamos para quien más lo necesite.

Se ha hablado de acciones iniciales simples, que no son onerosas, que no cuestan dinero, que son muestra de cuidado y respeto por nosotros y por los demás. Me refiero a las medidas sanitarias como el uso del cubrebocas, no solo por 15 días, sino en todo momento que se requiera, procurar la sana distancia y siempre la higiene de manos. La reactivación económica es posible, pero también debe de darse una reactivación moral, una reactivación de solidaridad para trascender a nuevos estadios de vida. Creo que la oración y la meditación nos harán reactivar el amor por nosotros mismos y por nuestros semejantes.

Mtro. Marcelino Trejo Ortíz, Presidente del Colegio de Abogados del Estado de Guanajuato

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