Opinión

SAPAL, lo turbio del Río Turbio y otros demonios

Digo que no debe de haber nada más transparente que el agua limpia y cito lo que dijo el jurista norteamericano Louis D. Brandeis: “La luz del sol es el mejor desinfectante”, al referirse a la transparencia con que deben de hacerse las cosas, especialmente en materia de la función pública y el manejo de recursos económicos.

El Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León (SAPAL) ha sido presumido como uno de los organismos operadores de agua más eficientes en todo el país, como la joya de la corona de la administración pública, pero de décadas para acá sabemos que no es el paladín de la honestidad y la transparencia.

Entre las funciones primordiales que tiene por ley el SAPAL está la del manejo de uno de los recursos más preciados para el ser humano y para la vida, como es el agua. Pero también está el de combatir la contaminación, procurando su saneamiento y reutilización.

Como entidad paramunicipal, SAPAL tiene autonomía plasmada en las determinaciones de su Consejo Directivo, pero no deja de estar sujeta a la decisión final del Ayuntamiento, como verdadero máximo órgano de gobierno en el municipio.

A la vez, como instancia gubernativa, el SAPAL está sujeto al escrutinio de la Auditoría Superior del Estado de Guanajuato (ASEG) quien, desde que se llamaba Órgano de Fiscalización Superior, le ha efectuado auditorías, procedimientos y sanciones, por distintas irregularidades a través de las décadas y hasta la fecha actual.

SAPAL ejerce en obra casi el orden de los mil millones de pesos al año, además de su presupuesto operativo, de gasto corriente y otros rubros.

Están pendientes, por parte de la ASEG, ejecución de sentencias al anterior Consejo Directivo y a su Dirección General, por desvíos, especialmente en el aprovechamiento del cargo para obtener beneficios personales.

La Contraloría Municipal no se debe de quedar corta en sus indagatorias hacia el interior de los casos de irregularidades de SAPAL. Que no caiga en el sospechosismo, como históricamente ha pasado.

Uno de los presidentes del Consejo Directivo, Jorge Videgaray Verdad, quien a toda vista no llegó para enriquecerse, porque de antemano sabemos que es un empresario exitoso, arribó al SAPAL tomando acciones para combatir la corrupción.

Primero buscó eliminar las canonjías de los desarrolladores de vivienda y empresarios de la construcción, con reglas parejas para todos; luego eliminó los privilegios del sector curtidor, a la vez que delimitó la acción de poceros y piperos irregulares, pero de inmediato fue atacado públicamente por las hordas panistas en pleno, quienes de manera inaudita defendieron la corrupción de la que seguro eran parte.

Respecto de la función de SAPAL en torno al saneamiento de las aguas residuales, falta que se aclaren hechos que tienen que ver con la contaminación de cuerpos de agua y de ríos o arroyos, como el caso del Río Turbio.

A su paso por la zona noreste del municipio, el Río Turbio es contaminado abiertamente por cebaderos y curtidurías que no son sancionadas. SAPAL no ha sido capaz o no ha querido tomar cartas en el asunto, argumentando que la contaminación a cuerpos de agua federales, no son de su competencia.

Sin embargo, por reglamento municipal, el simple hecho de que esos negocios usen la red de drenaje sanitario o tengan una red clandestina, es motivo de intervención y/o clausura.

Hoy se requiere de instancias y dependencias que no digan lo que no se puede hacer y lo que “les toca a otras instancias”, sino dependencias que digan cómo sí se puede actuar y coordinarse cuando se conoce en forma directa a los infractores de la ley.

Los contaminantes del Turbio van al Lerma que ya va contaminado de por sí, el Lerma va al lago de Chapala, los excedentes de este van al Río Grande de Santiago y finalmente el Santiago llega al Océano Pacífico. En ese trayecto, la contaminación daña y mata al medio ambiente y daña y mata a seres humanos.

Sobre los volúmenes de saneamiento en las plantas de tratamiento que hay en el municipio, hoy es indispensable la transparencia. Cuánto se invierte, cuánto se paga a concesionarios en el saneamiento, cuál es el volumen real y la calidad del agua obtenida que cumpla con las normas oficiales.

Entre otros puntos, también es indispensable que se aclaren los señalamientos mediáticos sobre las políticas de perforación de pozos, compras y renovación de permisos federales de explotación.

Finalmente, puedo decir que, si bien el agua potable debe ser transparente, esta tiene que estar en un vaso de cristal porque la transparencia es el verdadero acceso a la información pública y a las normas de una buena gobernanza, fundamentales para combatir la corrupción.

Jorge Marcelino Trejo

Presidente del Colegio de Abogados del Estado de Guanajuato

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